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Nació
el 1 de noviembre de 1886, en Manzanillo, cuando Cuba aun
era colonia de España. En Manzanillo, hizo el bachillerato
y magisterio y cuando terminó sus estudios, se dedicó
a enseñar a leer a los guajiros de muchas leguas
a la redonda. Se trasladaba a caballo, haciendo largas marchas
que le llevaban a poblados y bohíos lejanos y realizó
una extraordinaria labor de alfabetización.
Tomó una decisión meditada durante bastante
tiempo y, con lo que había ganado como maestro y
algún dinero que le pidió a su madre partió
hacia Estados Unidos. Salió de Cuba en 1905 y se
dirigió a Boston. Pasó algunos meses aprendiendo
inglés - me contaba que los domingos iba a la iglesia
(la que fuera, protestante o católica) para escuchar
los sermones y hacerse al oído con la lengua culta.
Después estudió Filosofía en Harvard
y al terminar en 1911 o 12 siguió con el desasosiego
que le duraría toda su vida. Se embarcó rumbo
a Alemania.
Berlín era en aquel momento si no la capital de la
cultura europea, una de las ciudades más adelantadas
del viejo continente, tanto en las ciencias como en las
artes. No tardaría mucho en aprender la lengua, como
ya lo había hecho en Estados Unidos. Tenía
una cualidad innata para hacerse con buenos amigos... Entró
a formar parte de una prestigiosa agencia, una de las más
antiguas de Alemania... Pero los acontecimientos no le permitieron
arraigarse por mucho tiempo. Estalló la Primera Guerra
Mundial... y tras numerosas vicisitudes recaló en
Madrid. España se hallaba en un momento favorable...
Al
llegar encontró una pensión en la calle de
Jacometrezo, en la zona que pronto iba a ser derruida para
abrir la Gran Vía, donde se alojó durante
algunos meses. En Berlín había tomado una
resolución irrevocable: dedicaría por entero
su vida a promocionar y ayudar a la difusión de la
música. En Madrid comenzó a asistir a todos
los conciertos que se celebraban y en poco tiempo tuvo muy
buenos amigos entre los artistas de más renombre:
Estefaniay, Cassadó, Segovia a los que comenzó
a representar...
...Don
Ernesto de Quesada fue una de las personalidades más
excepcionales y originales dentro del mundo de la música
en el siglo XX. Sin haber tenido al principio profundos
conocimientos musicales, poco a poco, gracias a su instinto
logró ser un experto en reconocer el valor de un
artista. Ayudó a numerosos jóvenes y lanzó
a muchos a la fama. Creó un emporio musical en España
que extendió a la América Latina y fundó
más de cincuenta Asociaciones de Cultura Musical
en España, poniendo a disposición de cada
una un piano de cola. Fundó la Ópera Nacional
de México. Los intérpretes más célebres
de ese siglo, entre ellos Rubinstein, Heifetz, Arrau, Segovia,
Menuhin, Szeryng, Cassadó, Brailowsky, Iturbi, y
muchos otros, lo adoraban y no podían prescindir
de él cuando realizaban giras por América
del Sur. Se arruinó muchas veces y salió a
flote otras tantas. Nunca tuvo apego por el dinero que solamente
utilizó para ayudar a la difusión de la cultura
musical...
Tomado de "Mis Memorias" de Ricardo de Quesada, Director de Hispania Clásica, que
se publicará próximamente.
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